Justificación:

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En la sociedad actual se plantean necesidades que demandan la formación de un profesional de la orientación con un equilibrio emocional y afectivo que contribuya con su accionar a la prevención, atención, desarrollo e intervención social, para aminorar los problemas en todas las áreas del desarrollo humano: familiar, personal social, vocacional, académico, profesional y comunitario. Los cambios en la visión de las ciencias que estudian al ser y la sociedad han conducido a la re-conceptualización del paradigma del Ser Humano. De manera que el desarrollo de la persona al interno como profesional y el desarrollo de la comunidad ahora se entienden como dos polos de un mismo y único proceso; con este enfoque, las acciones para educar al ser humano, se han sustentado en este nuevo paradigma, fortaleciendo una visión integral. En consecuencia, los procesos de formación de las personas centrados en el conocer y en el hacer, han incorporado las dimensiones del ser y convivir como su norte formativo, propiciando el desarrollo de un ciudadano apto y capaz de actuar como protagonista en la construcción de una persona autorealizada satisfactoriamente y una sociedad basada en la solidaridad, la justicia y la inclusión. 

La gestión de las emociones contribuye al desarrollo personal y relacional, la clarificación y adopción de valores, la toma de decisiones personales, proyecto de vida, elección y desarrollo vocacional, la atención de crisis propias del desarrollo humano durante el ciclo escolar, desarrollo de familia y comunidad, detención temprana y desarrollo de talentos múltiples, inserción laboral, lo cual le da habilidades, destrezas y herramientas a los profesionales de la Orientación para actuar en diferentes espacios humanos y en diversas circunstancias. 

El aprendizaje y la enseñanza de este subproyecto no se limitan sólo a la memorización de conceptos, se pone en evidencia todo el potencial humano, sus valores, emociones, sentimientos, significados, vivencias y aprendizajes para seguir construyendo nuevos y más complejos conceptos que le impulsan a producir e innovar para transformar. Esta fase experiencial lleva a considerar para cada encuentro los objetivos específicos de aprendizaje, el perfil del grupo o sección de trabajo, las estrategias, las actividades y recursos. Exige del facilitador dedicación, compromiso y entrega al deber formador y, de parte de los participantes amplitud de conciencia, apertura de mente y avidez para plantarse su ser como profesional de ayuda.

El subproyecto se enlaza con dos áreas fundamentales en la formación del profesional de la Orientación como son la formación general como ser social y con la formación específica por cuanto sus emociones condicionan la relación con las personas destino de su labor profesional. La gestión de las emociones contribuye al desarrollo personal y relacional para la calidad de vida de la persona y su entorno con procesos que demandan competencias específicas que son formadas mediante planes de formación y experiencias de vida personales y profesionales con una visión ecológica, holística, sistémica, compleja, inter y multidisciplinaria durante los años de estudio del grado universitario.

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